martes, 20 de octubre de 2020

EL ABSOLUTISMO

 

Jean Bodin (1529/30 o 33-1596)

Nació en Angers Francia. Fue jurista, profesor de derecho, político y escritor; precursor del absolutismo de Luis XIV.  Fue un teórico mercantilista, favorable al proteccionismo de la industria nacional. Autor de la teoría cuantitativa del dinero, que atribuye la inflación a la cantidad de dinero circulante, por lo que sería antecesor del monetarismo.

Escribió buscando la unidad de Francia, mediante un Estado fuerte. La República consiste en ‘“un recto gobierno de varias familias y de lo que le es común, con poder soberano”’. La república no es una forma de gobierno particular, sino la res publica, la cosa pública, la Commonwealth, es decir: el Estado. La felicidad es el fin de la república, se logra mediante la virtud contemplativa. La República –decía--  tiene tres elementos: a) la familia; b) lo que les es común, y c) la soberanía.

En Los seis libros de la República, nos dice: la república requiere:

1) Que haya cosas públicas, es decir, comunes, como el tesoro, las calles, las murallas, las leyes, las costumbres, etcétera,”

2) Cosas privadas, pues, en su concepto de Estado: la propiedad privada es un derecho natural.

3) Un poder soberano. Sin soberanía no  puede existir la república ni el Estado. Pero el Estado puede existir aunque solo haya tres familias.

En La misma obra estableció el concepto de soberanía. Tanto Hobbes como Locke se basaron en él. La monarquía absoluta se basa, según el autor, en el poder de mando, poder absoluto, poder indivisible, poder perpetuo. Propuso supervisar el poder de los jueces y la administración. Además: distinguir entre el Estado y el gobierno.

La “Soberanía –nos dice-- es el poder absoluto y perpetuo de una república.” es decir, del Estado:

A) La soberanía es el poder absoluto porque no se puede dividir, ni limitar.

 B) El poder es perpetuo, “porque debe ocuparse de por vida”.

La soberanía no tiene límites en poder, en responsabilidad y en el tiempo.

Aunque la soberanía reside originalmente en el pueblo, el monarca es el ‘“lugarteniente”’ de Dios; y después de Dios nada es superior al príncipe soberano. Esto es una contradicción, pues: el príncipe soberano es colocado por encima del pueblo.

La soberanía posee ‘“…el poder de dar leyes a todos en general y a cada uno en particular…sin consentimiento de superior, igual o inferior. Si el rey no puede hacer leyes sin el consentimiento de un superior a él, es en realidad súbdito; si de un igual, tiene un asociado, y si de los súbditos, sea del senado o del pueblo, no es soberano”.’

El soberano absoluto posee 1.- el ‘“…poder de dar leyes a todos en general y a cada uno en particular…sin consentimiento de superior, igual o inferior’.” 2. ‘“Si el rey no puede hacer leyes sin el consentimiento de un superior a él, es en realidad súbdito;”’ 3. Si para hacer leyes necesita el consentimiento ‘“de un igual, tiene un asociado,’” 4. Si necesita el consentimiento ‘“de los súbditos, sea del senado o del pueblo, no es soberano”.’

“La soberanía es absoluta precisamente porque el monarca no está sujeto a ninguna ley humana, ni de sí mismo ni de otro. El puede hacer la ley para los súbditos y éstos están en la obligación de obedecerla pero el rey no está obligado con su propia ley.”

Sin embargo, el poder absoluto tiene ciertos límites: 1) no puede ir contra la ley de Dios. 2) No puede hacer actos deshonestos. 3) Si la justicia subsiste no puede derogar leyes. 4) Está obligado a cumplir las promesas o las leyes si ha prometido cumplirlas. 5) No puede atentar contra el derecho natural a la propiedad privada.[1]

 

Thomas Hobbes (1588-1679)

Nació en  Westport y murió en Derbyshire, Reino Unido. Fue un filósofo inglés, autor de El Leviatán, influido por Platón, Aristóteles y por Maquiavelo. Quizás sea el teórico más influyente del absolutismo político.​

Son leyes de la naturaleza: la Justicia, la equidad, la modestia, la piedad y Hacer «a otros lo que quieras que hagan por ti.»

El poder soberano se obtiene 1) por la fuerza natural, como cuando un hombre somete a sus hijos y nietos (“Estado por adquisición.”); o 2) por actos de guerra; 3) O bien, “cuando los hombres  se ponen de acuerdo entre sí, para someterse a algún hombre o asamblea de hombres voluntariamente” (“Estado político o Estado por institución”. [2]

El contrato social

La idea del contrato social existía desde Epicuro de Samos (342-270  a. n. e), e incluso más atrás. Los teólogos medievales habían definido dos contratos: uno por el que los hombres se constituían en sociedad; otro, por el que cedían sus derechos al soberano. Por esta situación: se podía cuestionar el poder del soberano, ya que la sociedad existía antes que él. Para Tomás de Aquino el poder del príncipe venía de Dios, por lo que los hombres debían obedecerlo, pero si era injusto tenían el derecho legítimo a revelarse.

 Bodin Había definido los atributos de la soberanía,  pero no había investigado su origen, pues existía por sí: como Dios. Hobbes, en cambio, funda la soberanía absoluta e indivisible –más intransigente que la de Bodin-- sobre un contrato. La idea del contrato social no es de Hobbes, el aporte de éste radica en romper la dualidad: entre el origen divino de la soberanía o cedida por el pueblo, y hacer una.

Según Hobbes, las pasiones naturales de los hombres, los impulsa a no respetar las leyes de la naturaleza, y a dominar a los demás. Su amor natural a la libertad los compele a observar dichas leyes, cuando tienen voluntad de hacerlo, y entonces le confieren el poder  a un hombre, o a una asamblea de hombres, para evitar la guerra de unos contra otros.

Ese poder se confiere «por pacto de cada hombre con los demás».[3] «Los pactos que no descansan en la espada no son más que palabras, sin fuerza para proteger al hombre, en modo alguno.»[4] «La multitud unida en una persona se denomina ESTADO, en latín, CIVITAS,» «Esta es la generación de aquel gran LEVIATÁN,» el dios mortal: el Estado.[5] «El titular de esta persona se denomina SOBERANO; cada uno de los que lo rodean es SÚBDITO suyo.»[6]

Guerra preventiva

En el Estado soberano encontramos el fundamento de la guerra preventiva, manejada en nuestros días por los gobernantes de Estados Unidos, y adornada por sus teóricos políticos, para justificar la violación de la soberanía de otros países: El soberano, dice Hobbes, puede “hacer cualquier cosa… ya sea por anticipado, para conservar la paz y la seguridad, evitando la discordia en el propio país y la hostilidad del extranjero”.[7] 

Libertad limitada

La libertad, según este autor, es un asunto de derecho público solamente, no de derecho privado. Lo cual significa que le compete al soberano.[8]

La libertad de expresión es limitada, pues: el soberano erigido en juez coarta la libertad de expresión juzgando qué opiniones son adversas a la paz, porque es él quien “debe examinar las doctrinas de todos los libros antes de publicarlos. Porque los actos de los hombres proceden de sus opiniones, y en el buen gobierno de las opiniones consiste el buen gobierno de los actos humanos…” [9]

A la soberanía le pertenece “el pleno poder” para prescribir las leyes civiles sobre la propiedad. Al soberano le pertenece “el derecho de judicatura”: el derecho de “oír y decidir todas las controversias que puedan surgir respecto a la ley, bien sea civil o natural, con respecto a los hechos.”[10]

La soberanía es indivisible, pues: “es el alma del Estado, y una vez que se separa del cuerpo, los miembros ya no reciben movimiento de ella.”[11] Por tanto: 1. El Estado vendría a ser el cuerpo. 2. La soberanía vendría a ser el alma. 3. Sin soberano el Estado no existe.

La soberanía es incomunicable e intransferible:

       Los derechos soberanos son “incomunicables e inseparables”, porque un reino “intrínsecamente dividido no puede subsistir.”

       El derecho a la seguridad (protección a los súbditos), la militia, la acuñación de moneda y “el gobierno de las doctrinas”, son “derechos  esenciales e inseparables”,  que no puede ser transferidos.[12]

       Si alguno de ellos se transfiere o cede, “la cesión es nula” si el poder soberano no lo otorgó “en términos directos” y no se manifestó el nombre del soberano por parte de “los cedentes al cesionario”.[13]

Aunque hay algunos derechos que sí pueden ser “transferidos”: 1. la acuñación de moneda, 2. la disposición del patrimonio y de las personas de los infantes herederos, 3. el de compra en los mercados, 4. entre otras “prerrogativas estatutarias”.

Si un “monarca electivo (…) tiene derecho a designar a su sucesor, no es ya electivo, sino hereditario.”

“Ciencia” y práctica del Estado

“La destreza en hacer y mantener los Estados descansa en ciertas normas, semejantes a las de la aritmética y la geometría, no (como en el juego de tenis) en la práctica solamente”.[14] La conservación de los Estados requiere destreza que descansa en ciertas normas que se asemejan a las ciencias. No descansa nada más en la práctica.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 





[1] Suárez-Iñiguez, Enrique. De los clásicos políticos. Ed. MAPorrúa. México, 2014.

 

[2] Ob. Cit. P. 12.

[3] Ob. Cit. P. 11.

[4] Ob. Cit. P. 6.

[5] Ob. Cit. P. 11.

[6] Ibid.

[7] Ob. Cit. Pp. 18 y 19.

[8] Ob. Cit. P. 64.

[9] Ob. Cit. P. 19.

[10] Ob. Cit. Pp.20-21.

[11] Ob. Cit. P. 71.

[12] Ob. Cit. P. 23.

[13] Ob. Cit. P. 24.

[14] Ob. Cit P. 71.

martes, 13 de octubre de 2020

Tema de la semana

Ver, analizar y reportar el contenido del siguiente video: 

https://www.youtube.com/watch?v=DUZOP5TTwoA


martes, 6 de octubre de 2020

Marco Tulio Cicerón y la república clasista romana

 


Fue un jurista, político, filósofo, escritor y orador romano que nació el 3 de enero de 106 y murió el 7 de diciembre de 43 a. C. Se inspiró en Aristóteles, Platón, Demóstenes y Sócrates.

      El Tratado de la República es, quizás, su obra más importante, fue muy valorada en Roma e, incluso, los griegos la  preferían a los libros de Aristóteles y Platón.

      En esta obra, dividida en varios libros, analiza distintas formas de gobierno, se ocupa de la historia de la Constitución de los romanos y de la política y la moral.

 

La nueva ciencia de la política

      Estima que la naciente ciencia de la política había aportado ya el buen sentido contra la superstición.

      Considera que el mejor medio para ocurrir al socorro de la patria es remontarse a los orígenes de la buena dirección de los Estados.

      Se ocupa de las tres formas de Constitución estudiadas por los escritores políticos.

      Prefiere la monarquía a la aristocracia y, desde luego, sobre la democracia.

      La mejor Constitución para un pueblo, dice, es la que se compone de las tres formas simples, pues se moderan entre sí, estableciendo en su conjunción un justo equilibrio que mantiene en el Estado la majestad, prudencia y libertad.

      Los bellos tiempos de la República ofrecían la perfección y el equilibrio: 1. Los cónsules representaban la autoridad real, 2. El Senado era el modelo de la aristocracia ilustrada y virtuosa, y 3. El pueblo tenía derechos y poder, pues su libertad era justamente contenida en ese orden.

      Busca bases firmes entre las sociedades humanas para encontrar un modelo al cual aplicar sus preceptos, para comprobar su exactitud y obtener la experiencia relativa a los buenos razonamientos sobre la política.

      Somete todas las formas de gobierno a la justicia, pues ésta debe reinar en el mundo.

      Identifica la política con la moral, y desea que las leyes humanas sean tomadas del derecho divino y natural.

      Asegura que sin justicia no hay reyes, gobierno, autoridad o pueblo.

 

La república clasista romana

      Cicerón sostenía que el gobierno de la República romana era superior a cualquier otro.

      Comparaba el gobierno romano con el griego, pues mientras éste era producto de un ingenio solo, que había hecho leyes e instituciones particulares, las cuales habían sufrido muchos cambios, Roma era el resultado del concurso de muchos, y de bastantes generaciones y siglos.

      Se refiere a la actuación de los reformadores que fueron cediendo el poder a los Demos en Atenas y otras ciudades, mientras que en la república romana, la autoridad real, representada por los cónsules,  y “la aristocracia ilustrada y virtuosa”, por el Senado, dominaron al pueblo, cuya “libertad era justamente contenida en ese orden.”

      A ese sistema político lo llamaron la República, un orden clasista sumamente grato al pensamiento europeo posterior, adverso al absolutismo. 

      Duró cerca de cinco siglos, tiempo en que ocurrieron muchos cambios.

      La República patricia o aristocrática cobró vigencia después de la caída del último de los reyes en el año 509 a.n.e., y se extendió hasta alrededor del año 300 a.n.e.

      La República plutocrática alcanzó su desarrollo entre el año 300 a.n.e. y mediados del siglo I a.n.e., durante el consulado y dictadura perpetua, o vitalicia, de Julio César.

      Roma fue en sus inicios un pueblo dedicado a laborea rurales, que comerciaba con los pueblos latinos, etruscos y griegos.

      El intercambio comercial era por medio del trueque, pues, al parecer, carecían de moneda, usaban troqueles rústicos de cobre o utilizaban las monedas griegas o etruscas.

      El valor de las cosas se fijaba en base al ganado (pecus), la principal riqueza, de donde deriva el concepto pecunia (fortuna).

 

La oligarquía

      Las guerras de conquista, primero: de la península itálica y, luego, del mundo Mediterráneo, enriquecieron a un  pequeño grupo de familias que se adueñaron de las magistraturas y consolidaron un gobierno oligárquico.

      El poder de los reyes fue sustituido por magistrados llamados cónsules que, si bien duraban un año, ostentaban tanto poder como los antiguos reyes.

      El resultado fue la lucha de clases que duró varios siglos y arruinó a la República.

 

Los Cónsules

      Los Cónsules ostentaban el imperium (la autoridad suprema).

      Había dos Cónsules, con el mismo poder, cada cual podía tomar decisiones sin consultar al otro. Pero si éste no estaba de acuerdo podía vetar la decisión y dejarla sin efecto.

      Sus funciones eran militares y judiciales, eran generales y jueces, organizaban al ejército y lo guiaban en la guerra; interpretaban las leyes e imponían su obediencia.

 

Procedimiento legislativo

      Una sana práctica establecida en la república romana, no ha sido retomada por las repúblicas representativas actuales. Se trata de la manera de legislar.

      El procedimiento estaba sometido a reglas invariables, para permitir un examen detenido del proyecto de ley por los ciudadanos y evitar que fuera votado por sorpresa, pues el Senado podía emitir decretos, pero no era un cuerpo legislativo o parlamentario, ya que solo el pueblo podía aprobar leyes.

      La propuesta de ley debía ser anunciada en un edicto, en tablas de madera,  y fijado en un espacio público. El edicto señalaba el día de la votación.

      Una vez publicada no se le podían hacer cambios en el texto. Solo se podía retirarlo por completo o elaborar uno nuevo. Para que se observara la regla se depositaba una copia en el aerario (erario en español), el tesoro público, en donde se recaudaban los impuestos, ubicado en el Capitolio, en el templo de Saturno, por lo que se le conocía como Aerarium Saturni.

      La Asamblea del Pueblo, en donde se votaría la ley, no se podía realizar antes de 24 días. Durante ese tiempo el pueblo podía realizar reuniones informales, en las cuales los magistrados y los ciudadanos podían debatir cara a cara. En ellas los simples ciudadanos tenían derecho de hablar en favor o en contra, al igual que los magistrados.

      Antes de la votación se daba lectura nuevamente del proyecto de ley.

      Luego el presidente preguntaba a la Asamblea si quería hacerlo ley. Pero solo se podía aprobar o rechazar.

      Al principio se votaba verbalmente, pero después se adoptó el procedimiento del voto secreto y por escrito.

      Para garantizar la independencia del legislador (la asamblea del pueblo), una ley prohibía reunir varios proyectos en uno solo, para evitar que el pueblo votara proyectos que no le agradaban, con el fin de no rechazar otros que le resultaban aceptables. Si bien, no siempre se respetó esta ley.

 

Videos para ver y comentar junto con el texto anterior:


 


 

 

martes, 29 de septiembre de 2020

El pensamiento político de Aristóteles

 El tema de esta semana (29 de septiembre- 3 de octubre) es el pensamiento político de Aristóteles. Para ello les pido que vean y reporten las ideas presentes en los dos videos siguientes:

https://www.youtube.com/watch?v=xBBnQ-6HyJg

https://www.youtube.com/watch?v=NavNX1UW3b4 

martes, 22 de septiembre de 2020

El pensamiento político de Platón

 Ver los siguientes videos, que aparecen en ls siguientes direcciones:


https://www.youtube.com/watch?v=ORc01ripeDE


https://www.youtube.com/watch?v=W_IH39X2_eI&frags=pl%2Cwn

miércoles, 16 de septiembre de 2020

El pensamiento político de Isócrates

 

Isócrates nació en el demo de Erquía, en el Ática. Fue orador, político, educador, historiador y cronista. Vivió entre los años 436 y 338 a. n. e.

Su padre tenía esclavos que fabricaban flautas, un oficio humilde, pero cuyo comercio le permitió pertenecer a una clase media pudiente, y recibir una excelente educación.  

 

Formación

      Asistió en Atenas a los debates y discusiones de Sócrates, y a los debates públicos de Terámenes (quien se había formado en la escuela práctica de los negocios y los debates públicos).

      Conoció los planteos de los sofistas: Gorgias de Leontinos (maestro de la retórica y de gran capacidad oratoria), Pródico de Ceos (interesado en el uso correcto del lenguaje y de los diversos significados de las palabras), y de Tisias de Siracusa (uno de los fundadores de la retórica griega, y quizás su maestro).​

      No se dedicó a la política, por carecer de cualidades (era tímido, pequeño, y débil de cuerpo y voz). Sin embargo, fundó  una famosa escuela de oratoria, en 392 antes de nuestra era.

      Cuando perdió la herencia paterna en la guerra contra Esparta (guerra del Peloponeso) se dedicó a  la enseñanza.

      Dirigió una escuela en donde enseñaba el arte de la redacción de ensayos y el arte de la oratoria y la retórica, en la isla de Quíos,​ o Chíos. Fue maestro de los oradores Hiperides, Iseo y Licurgo. 

      Al volver a Atenas, en el año 403 a. n. e., trabajó escribiendo discursos judiciales y políticos por encargo.

      Entre sus discípulos más ilustres destacan los oradores Hiperides, Iseo y Licurgo.

      Mediante su modelo intelectual y de vida, esperaba educar a sus alumnos y que estos se convirtieran en educadores políticos de otros ciudadanos, para continuar el efecto multiplicador.

      Su docencia política consistía en formar dirigentes que usaran correctamente el poder depositado en sus manos.

      La única manera de formar a las nuevas generaciones, era mediante la RETÓRICA.

      La Retórica es para Isócrates: un medio de acción política.

 

La retórica

      Para que la retórica fuera un factor de cultura política debía tener la capacidad para alcanzar ciertos fines.

      El objetivo era convertirla en una verdadera educación, cuyo contenido eran las  “cosas supremas” (las costumbres sociales o los asuntos de Estado).

      La retórica puede enseñar a penetrar en las ideas o códigos de que se halla compuesto un discurso, porque conduce a un análisis minucioso que implica la desestructuración de una argumentación.

      A la vez le proporciona al orador el instrumental necesario para que construya un discurso propio, destinado a enseñar o persuadir.

      Isócrates pensaba que los argumentos que sirven para persuadir también sirven para reflexionar.

 

La oratoria

      El ideal educativo de Isócrates era el orador, aquel que posee la técnica adecuada del discurso, y fundamentalmente, la virtud moral apropiada para que sus costumbres estén de acuerdo a lo expresado en sus palabras.

      De esa manera, en la medida que sus discípulos aprendían retórica también aprendían moral.

      El orador tiene la capacidad de persuadir (lo que es propiamente el discurso retórico), de influir en un momento puntual, para que los destinatarios tomen una decisión determinada. No solo se debe hablar o escribir bien, sino, sobre todo, pensar bien y comunicar adecuadamente un contenido con una finalidad didáctica o persuasiva.

      Isócrates exalta el valor de la palabra como la herramienta que permite al hombre independizarse del mundo natural e ingresar en la historia:

      Pensaba que nada nos distinguía de los animales, a no ser la capacidad de persuadirnos unos a otros, y, de manifestar los deseos; por lo cual  pudimos alejarnos de la vida salvaje, formar congregaciones, ciudades e inventar técnicas; todo eso gracias a la palabra, que nos ha permitido establecer normas sobre lo que es justo o no lo es, sobre la belleza y lo feo.

      El “logos” es el creador de la cultura.

      La capacidad discursiva es el signo más importante de la razón humana.

      El poder de la palabra equivale al poder de dirigir.

      La retórica supone la selección y estudio de los principales aspectos asociados al pensamiento del docente.

      El fin que debe perseguir la educación es la formación de un ciudadano educado a través del dominio de la oratoria (el poder de convencer y dirigir).

 

Formación de gobernantes y ciudadanos

      «y aunque llamamos oradores a los que pueden hablar en público, tenemos, sin embargo, por hombres de buen consejo a los que discurren lo mejor sobre los asuntos que se les proponen”.

      Creo que todos los discursos pueden ser útiles hasta en la cosa más mínima; pero los más excelentes, son aquellos que aconsejan, sobre las costumbres,  sobre la administración del Estado; especialmente «aquellos que enseñan a los gobernantes cómo conviene tratar con la muchedumbre y, a los particulares, qué disposición de ánimo deben tener para con los que los gobiernan. Porque veo que es por esto que las ciudades llegan a ser muy felices y poderosas.»

 

Metodología educativa

      La escuela de Retórica de Isócrates en Atenas tenía los siguientes lineamientos:

* Tres o cuatro años de estudios.

* Un máximo de nueve alumnos.

* Sistema personalizado de enseñanza.

      Objetivo inmediato: formar líderes políticos.

      Objetivo mediato: recuperar el esplendor de la cultura griega, por medio de la educación, para formar una nueva cultura («paideia»).

 

Saber y poder

      La educación tenía que ser necesariamente política.

      El tema de la retórica debía ser la política y el uso del poder por parte de quienes dirigirán en el futuro la polis (esperaba que fueran sus discípulos).

      Por eso vinculaba los conceptos de felicidad y poder: una ciudad depende de la armonía entre gobernantes y gobernados, es decir de la buena disposición de ánimo de unos para con otros.

      Relaciona saber y poder. El poder produce saber y viceversa. Ese poder se ejerce desde un "cuerpo político" integrado por hombres sabios, una especie de aristocracia intelectual.

      "(...) Ten por sabios, no a los que disputan minuciosamente sobre cuestiones pequeñas, sino a los que hablan con acierto de los grandes temas; no a los que prometen la felicidad a los demás, viviendo ellos en la mayor miseria, sino a los que hablan moderadamente de sí mismos, y pueden tomar parte en los asuntos públicos entre los hombres, y no se alteran en las vicisitudes de la vida, sino que saben llevar con dignidad y mesura tanto la buena como la mala fortuna.”

      “(...) los que no resultan corrompidos por el éxito, ni se enajenan, ni se vuelven soberbios, antes bien permanecen en la disposición propia de los hombres prudentes y no se alegran más por los bienes que les depara la suerte que por los que provienen, desde su origen, de su propia naturaleza y sensatez. Los que tienen una disposición anímica en armonía no sólo con una de estas condiciones, sino con todas ellas, éstos digo que son hombres sabios y formados, y que poseen todas las virtudes."

 

Contra la demagogia

      Quienes “hablan con acierto sobre los grandes temas”, no hacen promesas que no pueden cumplir y conservan su equilibrio mientras toman “parte en los asuntos públicos”, éstos pueden ser calificados de sabios (no en un sentido científico sino moral y político). Aquellos por quienes pasarán los hilos del poder serán conductores intelectuales dotados de un alto nivel ético. Regularán la felicidad pública y el saber mediante el dominio del discurso, es decir, el poder de la comunicación.

 

Ética y moral pública

      "(...) así pues, ¿a quiénes considero acabadamente educados, dado que yo no tomo en cuenta para ello las artes, las ciencias y las capacidades? En primer lugar, a los que tratan atinadamente los asuntos que se presentan cada día, y tienen la opinión adecuada a las circunstancias, capaz de conjeturar lo que es ventajoso en la mayor parte de los casos. Después, a los que tienen una relación conveniente y justa con aquellos con quienes conviven -llevando fácil y pacíficamente sus asperezas y los caracteres muy difíciles de soportar- y que muestran también la mayor paciencia y consideración posibles hacia los que tienen trato con ellos. Además, a los que, por una parte, señorean siempre sobre los placeres y, por otra, no se dejan abatir por completo en las circunstancias adversas, sino que en ellas su ánimo se torna valeroso y digno de la naturaleza de la que participan”.

      La ética es fundamental en la realización de su proyecto político, lo cual lo distingue del relativismo de los sofistas, y del idealismo de Platón (el filósofo como gobernante de la polis).

      Combatió a los sofistas –sus principales competidores– porque no tomaban en cuenta la ética.

      Su escuela fue importantes por su instrucción eficiente, la formación socrática y platónica, y por incluir en su plan de estudios la educación ética del ciudadano.

      Isócrates coloca su autoridad moral por encima de la autoridad política, pues la dirige. El poder pedagógico actúa sobre el gobernante, y éste se verá en la influencia que el gobernante ejerza sobre sus gobernados, propiciando su mejoramiento.

 

Panhelenismo y patriotismo

      Isócrates proponía superar la decadencia moral y política de Atenas para conseguir la unidad política de todos los helenos (panhelenismo).

      Había que cesar las luchas internas y unificar a las ciudades-Estado, para defenderse de los persas, pues decía: “nos falta poco para declararles la guerra a todos los hombres”.

      Finalidad: unificar a Grecia y regenerar su vida política, para evitar la invasión de los persas (idea central expresada en su Panegírico, elaborado en el año 380 a. n. e).​

      Fracasó en sus fines, por lo que pidió a Filipo II encabezar la guerra contra Persia.

      Isócrates critica la falta de compromiso de los atenienses para combatir a los persas, pretendiendo ser defendidos por mercenarios, a los que si el enemigo les paga un sueldo mayor se pondrían de su parte.

      Pues “faltándonos el sustento cotidiano, hemos intentado mantener tropas mercenarias y maltratamos e imponemos un tributo especial a nuestros aliados para proporcionar un sueldo a enemigos comunes a todos los hombres”.

      “Somos tan inferiores a nuestros antepasados (...) que aquellos, si habían votado hacer la guerra a alguien, se creían en la obligación de poner en peligro sus propias personas para defender su opinión, aunque la acrópolis estuviera llena de oro y plata. Nosotros (...)  a pesar de haber llegado a tanta miseria y de ser tantos, utilizamos, como el gran rey, tropas mercenarias”[15].

 

Fines de Isócrates

      La educación tendría que ser una formación política (pensada para la polis), más que una educación técnica.

      La educación debe beneficiar al individuo, a la polis y a los griegos en su conjunto, porque la educación y la cultura son los únicos medios de que se dispone para lograr el panhelenismo y la unidad interna de cada polis.

      Meta: lograr la transacción entre la tradición de la política realista del siglo de Pericles, la crítica moral de la filosofía y la tendencia hacia la dictadura.

      Objetivo: alcanzar, por medio del poder educativo de la retórica, la formación del monarca y de los hombres de Estado, instrumentos salvadores de la cultura griega.

 

Principios “de gobierno excelente”

      El dirigente debe saber actuar sobre individuos o grupos, tener la facultad de definir, proyectar o construir nuevas relaciones, en arreglo a los fines que se proponga alcanzar.

      El buen gobernante procurará engrandecer a su polis, trabajará con ese fin, y su punto de apoyo será su paideia ética.

      Es importante el trato  que el gobernante establezca con los otros hombres. Aconseja rodearse de los más sabios, aunque se vea obligado a recurrir a quienes no están a su alrededor.

      Un pueblo virtuoso responde a un monarca virtuoso, alejado de la arbitrariedad, un ejemplo de conducción y vida, un hombre capaz de manejar el poder en sus manos con equilibrio.

      Isócrates era partidario de que gobernaran los mejores, los hombres virtuosos, no clasificados por su mero nacimiento.

      La capa social de los mejores, dominaría sobre las capas sociales menos virtuosas.

      El buen monarca sería un retórico, que manejara las situaciones a través del poder de su palabra y su conducta moral.

      El buen monarca podría acabar con las penurias de las póleis griegas y hacerlas más fuertes, y poner a su gobierno al servicio de la educación según el modelo isocrático.

 

Cualidades del DIRIGENTE

      El dirigente debía ser un pensador, un hombre reflexivo “que observa los hechos y conoce a cada ciudadano”, mientras mantiene en armonía su pensamiento y su acción.

      Poseer la areté, (“la virtud”): ser majestuoso, no por los adornos de su persona sino por el arreglo de su vida.

      Fundamentar su poder en el conocimiento de la realidad política y de la gente a la que gobierna.

      No cometer injusticias, intervenir ordenada y consecuentemente en los asuntos públicos, mantener las acciones de acuerdo con las palabras, gobernar con firmeza a todos y castigar a los malhechores sólo según las leyes.

      El dirigente debía poseer gran voluntad, no en los acontecimientos del azar, sino en los provocados por él.

      Otorgar beneficios para hacer amigos, y sujetar a los demás con magnanimidad.

      Ser temible, no por ser hostil hacia muchos, sino por sobrepasar a los demás en capacidad.

      Señorear sobre los placeres, y no dejarse guiar por ellos.

      Estas cualidades no eran ideales, sino obtenidas de la historia: del análisis de los gobernantes.

 

Tomar lo mejor de cada forma de gobierno

      El soberano ejemplar tomará de “cada forma de gobierno lo mejor”.

      Se comportará como demócrata o tirano dependiendo de las circunstancias.

      Su poder no estará limitado por la constitución o la ley, sino por la justicia y la virtud moral.

      La constitución es el alma del Estado, hay que infundir sus principios en la conciencia de los ciudadanos.

      Si la constitución se modifica producirá un cambio en el gobernante. Pero, las leyes por sí solas no educan y nada se soluciona multiplicándolas.

      Quienes gobiernen con rectitud deben grabar la justicia en las almas, pues es con buenas costumbres como se gobiernan las ciudades, no con decretos.

      Los que han sido bien educados obedecerán las leyes. Quienes han recibido una educación perversa transgredirá cualquier ley.

 

Obediencia y ciudadanía

      Los ciudadanos deben actuar con solicitud y justicia, porque si falta, en la misma proporción se resentirán los asuntos públicos.

      Los gobernantes deben ser obedecidos por su autoridad moral, no por su poder político o militar.

      Los ciudadanos deben obedecer y evitar desórdenes, ya que el gobernante se puede convertir en tirano, no por su propia voluntad, sino como consecuencia de la actitud de sus gobernados.

      La fidelidad y la obediencia de los gobernados salvará ese escollo, permitiéndoles participar “en los bienes”, el éxito y el bienestar del Estado.

      La malevolencia o la buena disposición de los reyes no se debe sólo a causas naturales, sino también a las costumbres de sus súbditos.

      Aconsejaba enseñar a los hijos a obedecer a sus superiores, porque si han aprendido bien a ser gobernados, podrán gobernar a muchos.

      Los ciudadanos debían manifestar con obras, más que con palabras, su benevolencia hacia el soberano, pensando que sus palabras eran leyes. 

 

Gobierno de calidad

      Un pueblo virtuoso responde a un monarca virtuoso, alejado de la arbitrariedad, un ejemplo de conducción y vida, un hombre capaz de manejar el poder en sus manos con equilibrio.

      Isócrates era partidario de que gobernaran los mejores, los hombres virtuosos, no clasificados por su mero nacimiento.

      La capa social de los mejores, dominaría sobre las capas sociales menos virtuosas.

      El buen monarca sería un retórico, que manejara las situaciones a través del poder de su palabra y su conducta moral.

      El buen monarca podría acabar con las penurias de las póleis griegas y hacerlas más fuertes, y poner a su gobierno al servicio de la educación según el modelo isocrático.

 

Fines de Isócrates

      La educación tendría que ser una formación política (pensada para la polis), más que una educación técnica.

      La educación debe beneficiar al individuo, a la polis y a los griegos en su conjunto, porque la educación y la cultura son los únicos medios de que se dispone para lograr el panhelenismo y la unidad interna de cada polis.

      Meta: lograr la transacción entre la tradición de la política realista del siglo de Pericles, la crítica moral de la filosofía y la tendencia hacia la dictadura.

      Objetivo: alcanzar, por medio del poder educativo de la retórica, la formación del monarca y de los hombres de Estado, instrumentos salvadores de la cultura griega.

 

FUENTE. El crédito para el autor utilizado en esta clase corresponde a: Nelson Pierrotti. Isócrates: retórica y poder político en la formación del ciudadano ateniense del siglo IV A.C.

nelsonpierrotti222@hotmail.com

 

CUESTIONARIO

·        ¿Para qué enseñar retórica?

·        ¿Qué papel juega la oratoria en la enseñanza?

·        Exponga la función del logos, la cultura y la razón.

·        ¿Cómo se debían formar los gobernantes y los ciudadanos?

·        Exponga la metodología educativa de Isócrates.

·        ¿Qué relación establece entre el saber y el poder?

·        ¿Cuál es la opinión de Isócrates sobre la demagogia?

·        ¿En qué consiste el papel de la ética y la moral pública?

·        ¿En qué consiste el panhelenismo del autor?

·        ¿Cómo evalúa la conducta de los ciudadanos en relación al patriotismo?

·        ¿Para qué enseña el autor?

·        Diserte sobre el gobierno excelente.

·        Mencione las cualidades del dirigente político.

·        ¿Por qué deben obedecer los ciudadanos?

·        ¿Cómo definiría la profesión de Isócrates?